fertilizantes

¡Todo lo que necesitas saber sobre los fertilizantes!

El uso de fertilizantes es toda una ciencia, en la cual, en ocasiones, el productor y agricultor no se detiene a profundizar lo suficiente.

Y es que es tan amplio y diverso el mundo de estos compuestos y productos que hasta los más experimentados aún desconocen muchos aspectos claves sobre estos, como sus verdaderos alcances y las mejores formas de administrarlos, por ejemplo.

Ante esta realidad, hemos preparado una guía completa sobre los fertilizantes, en la que repasaremos desde los factores más básicos hasta los más especializados, abordando, entre otras cosas, sus diferentes tipos, beneficios, desventajas y mejores prácticas para aplicarlos.

Si te interesa aprender a fondo acerca de este elemento tan importante para tus ciclos de producción, ¡quédate con nosotros y lee hasta el final!

¿Qué son los fertilizantes?

Es toda sustancia, producto o elemento natural capaz de aportar nutrientes para el óptimo desarrollo de las plantas de los cultivos.

Por ese motivo, cuando se trata de compuestos fertilizantes, nos encontramos con una amplia variedad, que vas desde macronutrientes como nitrógeno, fósforo y potasio hasta minerales como el azufre y el sílice.

La aplicación de estos abonos acompaña prácticamente todos los ciclos de producción agrícola, en muchos casos, desde fases anteriores a la siembra hasta etapas avanzadas del cultivo.

Incluso, los macronutrientes y compuestos fertilizantes pueden utilizarse en las labores de ajuste de suelos, mejorando la estructura de los mismos y garantizando que sean aptos para la actividad agrícola.

¿Cómo se dividen o clasifican los fertilizantes?

Los fertilizantes agrícolas pueden segmentarse de diferentes maneras, de acuerdo a distintos factores y características. Entre las clasificaciones más comunes encontramos:

Fertilizantes según su origen

Esta clasificación depende de la materia y elementos que componen el fertilizante, lo cual nos lleva a los siguientes tipos:

Orgánicos

Son considerados los fertilizantes más amigables con el medio ambiente, debido a que sus nutrientes son material orgánico, que puede ser de origen vegetal o animal, por ejemplo.

Entre los elementos de fertilizantes orgánicos están el humus de lombriz, el compost, los recortes de hierba y el estiércol.

Su característica principal es que para ser elaborados se ameritó de poca o nula intervención humana y no se emplearon recursos químicos ni sintéticos.

Inorgánicos o minerales

Derivan de materias minerales como las rocas y se caracterizan por su gran capacidad de incrementar la fertilidad de los cultivos.

Magnesio, calcio, azufre y sílice son ejemplos clásicos de minerales inorgánicos, al igual que las rocas pulverizadas, lo cual se conoce como harina de roca.

Químicos

Inhibidores de nitrificación, urea recubierta de azufre y cubiertas a base de polímeros biodegradables forman parte de la amplia oferta de fertilizantes químicos que encontramos en el mercado actual.

Lógicamente, su característica principal es la presencia de elementos químicos, que pueden integrarse tanto a compuestos minerales como naturales, para hacer el producto más amigable con los medios naturales y, a la vez, incrementar su alcance y efectos.

Fertilizantes según su composición

Las plantas necesitan primordialmente 3 nutrientes para desarrollarse: nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K).

Por ese motivo, los fertilizantes también pueden distinguirse como nitrogenados, fosfóricos y potásicos, de acuerdo el macronutriente que incluyan.

Entre los fertilizantes nitrogenados encontramos el nitrato amónico cálcico, mientras que el superfosfato es uno de los fosfáticos y el cloruro de potasio uno de los potásicos.

También, a esta clasificación se agregan los fertilizantes NPK, que integran los tres macronutrientes.

Fertilizantes según su presentación

La ciencia de los fertilizantes no ha dejado de avanzar en los últimos años, lo que ha dado paso, entre otras cosas, a la creación de distintas presentaciones, que atienden diversas necesidades y características de suelos y cultivos.

Según este criterio, los principales tipos de fertilizantes son:

  • En polvo, una de las presentaciones menos utilizadas;
  • Líquidos, generalmente destinados para aplicaciones foliares;
  • Granulados, los más empleados entre los abonos sólidos, caracterizados por brindar uniformidad;
  • Abonos en pellet, otra presentación de abono sólido, de mayor tamaño que la granulada.

Además, en el caso de los fertilizantes sólidos, se dividen en dos subcategorías: blending y complejos. Los primeros separan los nutrientes en distintas partículas y los segundos los juntan de forma química.

Fertilizantes según el momento de aplicación

Sí, también existen distintos tipos que obedecen al momento ideal para aplicarlos. En este sentido, destacan 4 clases principales:

De fondo

Estos fertilizantes se aplican antes de la siembra. Generalmente son abonos potásicos o NPK.

Starter

Se aplican justo en el momento de la siembra, junto con la semilla. Generalmente, para esta etapa, los productores optan por fertilizantes nitrogenados y microgranulados.

De cobertura

Se trata de abonos que se aplican cuando el cultivo está implantado. Su macronutriente principal suele ser el nitrógeno y, también, es muy común el aporte de azufre para esta etapa.

Foliares

Estos se aplican en fases avanzadas del cultivo y del ciclo de producción. Pueden ser líquidos o en polvo.

¿Por qué son tan necesarios los fertilizantes?

En líneas generales, los fertilizantes incrementan la productividad de la actividad agrícola, lo cual no solo es importante para la viabilidad de la industria y la estabilidad económica de los productores.

Sumado a esto, su uso resulta clave para la satisfacción de la demanda de alimentos tanto en el presente como en el futuro, tomando en cuenta los patrones de aumentos poblacionales.

De acuerdo a cálculos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en 2015 habían unas 7300 millones de personas en el mundo, una cifra que ascenderá a 8500 en 2030 y, luego, a 9700 en 2050.

Además de esta razón de peso, asociada a la sustentabilidad de los sistemas alimenticios, existen muchos beneficios específicos aportados por los fertilizantes para los suelos, las plantas y la actividad agrícola en sí, entre estos:

Optimización y aprovechamiento de las superficies agrícolas

Los espacios y tierras son el principal recurso de la agricultura, por el cual el enfoque de todo productor debe ser optimizarlo.

Mientras más aprovechemos los suelos que ya son destinados para la actividad, antes de explotar terrenos «vírgenes», ¡mucho mejor! Esto representa ahorro y, además, viabilidad de la industria a largo plazo, al garantizar que en el futuro existen suficientes espacios para aprovechar.

Tomando en cuenta esta realidad, es necesario destacar que, gracias a la aplicación correcta de fertilizantes, no solo mejora la calidad de los suelos y prolongamos su ciclo de vida, sino que además producimos al máximo en cada hectárea, por lo cual se puede obtener una gran cosecha sin necesariamente abarcar una mayor superficie.

Las macronutrientes y los diferentes compuestos de los abonos incentivan la producción a tope en cada espacio y por cada planta cultivada.

Incremento de la profundidad de raíces

La aplicación de fertilizantes incrementa de manera sustancial la profundidad de las raíces de las plantas de los cultivos.

Según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en promedio, la profundidad de las raíces es de unos 0,6 metros cuando no se aplican abonos, mientras que llega a 1,2 metros cuando se realizan trabajos de fertilización por medio de estos productos.

Esto refleja que un buen proceso de fertilización puede duplicar la profundidad, lo cual aporta muchas ventajas a los cultivos, como mayor firmeza y solidez en los plantíos.

Además, esto facilita que las plantas puedan conseguir el agua necesaria en el subsuelo para desarrollarse de manera satisfactoria y plena.

Incremento de la actividad microbiana del suelo

Los fertilizantes orgánicos, principalmente, favorecen la actividad microbiana del suelo, la cual, a su vez, es fundamental para garantizar los ciclos de funcionamiento de los nutrientes y la fertilidad en general.

La mineralización, descomposición y reducción natural de la materia vegetal también es una función de la actividad microbiana. Gracias a esto, lo suelos pueden permanecer aptos para la explotación agrícola durante varios ciclos de producción.

En otras palabras, los microorganismos también son responsables de la nutrición de los suelos y del desarrollo correcto de las plantas.

Crecimiento óptimo de las plantas y calidad de la cosecha

Los fertilizantes no solo garantizan que crezcan la mayor cantidad de plantas posibles en un determinado espacio, sino que además fomentan el óptimo crecimiento de las mismas.

La firmeza en las raíces, el favorecimiento de la hidratación y el equilibrio de los suelos son factores aportados por los abonos que ayudan a las plantas a llegar a sus niveles óptimos de volumen, tamaño y producción.

Así, la cosecha no solo es más numerosa, sino que también el fruto es de mayor calidad, pues deriva de una planta saludable.

Lógicamente, este gran beneficio solo lo obtendremos si gestionamos de forma equilibrada y coherente la fertilización, sin sobrepasarnos en el uso de compuestos sintéticos.

Recuperación de materia orgánica del suelo

Como ya sabes, los fertilizantes orgánicos son grandes aliados para la nutrición y la gestión de los ciclos de producción.

La fertilización por medio de estos elementos le aporta materia orgánica al suelo y promueve el desarrollo de un nuevo ciclo de nutrientes naturales, necesarios para posteriores explotaciones agrícolas.

El uso eficiente y sustentable de fertilizantes incrementa la vida útil de los suelos y garantiza el futuro de la actividad agrícola y la alimentación humana.

Reducción de los desechos orgánicos

Lo hablado aquí demuestra que un uso amigable y racional de los fertilizantes favorece la sustentabilidad y reduce la huella ambiental de la actividad agrícola.

En este sentido, otro punto a destacar es que la fertilización puede alinearse con los principios de reutilización y de máximo aprovechamiento de recursos.

Al incluir fertilizantes orgánicos en nuestros trabajos de nutrición de suelo y plantas, reutilizamos compuestos y materias que normalmente serían desechos, como elementos del compost e, incluso, estiércol.

De esa manera, al mismo tiempo que optimizamos recursos, reducimos el flujo de desechos que pueden parar a ríos y otros espacios naturales.

Adaptación del suelo a las necesidades del ciclo de producción

Que el suelo esté saludable no significa necesariamente que sea ideal para el desarrollo de un determinado cultivo.

Y es que cada semilla y planta demanda condiciones específicas de acidez y otras variables, que podemos regular con ayuda de compuestos y materias fertilizantes.

Por ejemplo, si el nivel de pH es muy elevado para el objetivo del cultivo, se pueden emplear fertilizantes que contengan ácidos fosfóricos, cítrico y nítrico, los cuales tienen la capacidad de disminuir la acidez.

Esto demuestra, como mencionamos algunas líneas atrás, que los fertilizantes son aliados para las labores de ajuste y preparación de suelo, incluso antes de entrar al proceso de siembra.

¿Los fertilizantes tienen desventajas?

Si bien su uso es necesario para la actividad agrícola, los fertilizantes pueden generar consecuencias negativas para el ambiente, los suelos y los propios ciclos de producción si no se utilizan de forma racional, estratégica y con enfoque sustentable.

Para explicar mejor este punto, veamos algunos efectos no deseados que surgen a raíz de un mal uso y gestión de productos y compuestos fertilizantes:

Exceso de crecimiento

El crecimiento es un síntoma saludable de las plantas hasta cierto punto. Si estas sobrepasan sus parámetros normales, se verá afectado el follaje y las raíces recibirán una gran presión, por lo cual pueden caerse y morir antes de que brinden los frutos esperados.

Esta realidad puede ser consecuencia del uso irracional de fertilizantes químicos de alta potencia.

El equilibrio entre uso de fertilizantes químicos y orgánicos y la observación continua, en las diferentes fases de desarrollo de la planta, son algunas claves para prevenir este mal.

Infertilidad de suelos

Los fertilizantes químicos, principalmente, tienen elevados niveles de nutrientes, lo cual puede derivar en la saturación del suelo si su uso no es moderado, controlado y supervisado.

Cuando esto sucede, se anula la eficacia de otros nutrientes vitales y naturales, ocasionando que el suelo pierda fertilidad y la viabilidad para ser utilizado para la actividad agrícola.

Incremento de los niveles de acides

Ácido sulfúrico y clorhídrico son algunos componentes de fertilizantes que incrementan los niveles de acidez del suelo.

En casos en el que el pH es muy bajo, utilizarlos resulta de gran utilidad para los ajustes de suelo. No obstante, si su uso es excesivo o se aplica en terrenos en que no resulta necesario, los niveles de acidez pueden llegar a puntos muy altos, que comprometen el crecimiento saludable de las plantas y afectan a los microorganismos.

Incremento sustancial de microorganismos

Cuando los fertilizantes ricos en nitrógeno son aplicados de forma indiscriminada, el efecto es contrario: la población de microorganismos aumenta de manera sustancial. ¡Y esto no es positivo!

Si bien son necesarios para el del suelo y las plantas, el exceso de microorganismos deriva en una consecuencia muy peligrosa: el consumo de toda la materia orgánica y los nutrientes por parte de estos.

Así, los suelos quedan infértiles y las plantas que ya están en desarrollo pueden morir antes de aportar frutos.

Contaminación de aguas subterráneas

Las aguas subterráneas tienen minerales y nutrientes básicos para las plantas de los cultivos.

Los compuestos químicos de algunos fertilizantes pueden contaminar estas aguas en el largo plazo, si no se aplican con orden y enfoque sustentable, derivando en pérdida de fertilidad del suelo e imposibilidad para utilizarlo para la actividad agrícola.

Quemaduras de sal

La saturación de sal deshidrata los tejidos de la planta y es un obstáculo para el correcto desarrollo y la cosecha.

Esta es una consecuencia de la aplicación excesiva de fertilizantes con altos índices de sal.

Como ves, estas desventajas están asociadas a un uso incorrecto de estos productos y compuestos.

Por eso, en el resto de este post te mostraremos cómo se aplican los fertilizantes y las buenas prácticas para administrarlos.

¿Cómo se aplican y esparcen los fertilizantes?

La forma de aplicar los fertilizantes depende de muchos factores, relacionados tanto con las características del cultivo como con la presentación y compuestos del abono.

Los aspectos medioambientales, las maquinarias agrícolas disponibles y los objetivos de producción son otros elementos que entran en juego.

Por eso, todo pasa por un análisis e identificación previa de las necesidades para elegir los métodos de aplicación y esparcimiento, que pueden ser:

A voleo

Son aplicaciones en las superficies del suelo, recomendadas para prados y cultivos densos, principalmente.

También, es un mecanismo muy útil para evitar pérdidas por evaporación de nitrógeno.

Localización en bandas o hileras

Es ampliamente utilizada en cultivos en hileras, con espacios significativos entre filas, como los de maíz y caña de azúcar, al igual que en suelos con tendencia a la fijación de potasio y fosfato o con bajo nivel de fertilidad.

En sí, esta aplicación se basa en la distribución estratégica y separada en partes concretas del campo. Se puede realizar a mano o con recursos técnicos especiales.

Aplicación entre líneas

Consiste en poner el fertilizante justo entre las plantas que están ampliamente espaciadas en hileras, como en el caso del algodón, por ejemplo.

También es una práctica habitual en cultivos perennes, como uva, espárrago y piña.

Aplicación en cobertura

Es el esparcimiento del fertilizante a voleo, pero sobre un cultivo en pie. Es común en forrajes y cultivos de granos, cuando hay necesidad de obtención adicional de nitrógeno.

Aplicación foliar

Cuando existe una situación crítica para el cultivo y las plantas, esta aplicación de fertilizantes es una mano amiga, que puede prevenir pérdidas y revertir proyecciones negativas.

La aplicación foliar generalmente incluye todos los macronutrientes, empleando productos NPK. Estos se diluyen en agua, en pequeñas cantidades, y se vierten de forma directa en la parte aérea de las plantas.

Es recomendable realizar estas propagaciones en días nublados o en horas con baja intensidad del sol, como al inicio de la mañana o al final de la tarde.

Buenas prácticas para el uso de fertilizantes

El uso de fertilizantes es toda una ciencia, por lo cual su gestión óptima se basa en el análisis, el conocimiento y la toma de decisiones objetiva.

Además, tomando en cuenta las amenazas ambientales globales y las consecuencias de las malas prácticas en su gestión, un enfoque con acento sustentable también se vuelve una prioridad.

En general, entre las buenas prácticas para la aplicación de fertilizantes encontramos:

Combinación de fertilizantes químicos con orgánicos

La población mundial demanda el incremento de la producción agrícola para satisfacer sus necesidades alimenticias.

Al mismo tiempo, la actividad agrícola necesita reducir su huella ambiental para enfrentar las amenazas asociadas a la contaminación y garantizar la disponibilidad de suelos y recursos en las próximas décadas y el futuro lejano.

Para conciliar ambas necesidades, la FAO y otras organizaciones recomiendan – en el plano de la fertilización – la priorización de sistemas y prácticas que combinen los productos químicos con elementos naturales.

De esa manera se logra el incremento de la productividad con el menor costo ambiental posible, haciendo a la industria y los ciclos de producción tan eficientes como amigables.

Estudio previo de los suelos y espacios

No solo debemos conocer qué compuestos y nutrientes necesita cada planta y especie de cultivo.

También, es necesario analizar primero, y con profundidad, el suelo y los espacios de producción para determinar con claridad los requerimientos nutricionales y, en consecuencia, los fertilizantes a aplicar.

Recuerda que el uso irracional de estos productos, sin análisis previo, puede derivar en incrementos sustanciales de acidez, saturación de macronutrientes y otros problemas.

Supervisión y análisis de resultados y reacciones

Aunque sigas las mejores prácticas y los estudios, debes monitorear de manera constante tus cultivos y la reacción ante determinados trabajos de fertilización.

De esa manera podrás enfrentar a tiempo potenciales amenazas y sabrás cuando disminuir, incrementar, modificar o ajustar tus aplicaciones.

¡Genial! Ya tienes en tus manos una guía completa sobre los fertilizantes, sus diferentes tipos, buenas prácticas de uso y muchos datos claves más.

La correcta gestión y aplicación de estos es uno de los pilares de un buen ciclo de producción y, además, de la efectividad y viabilidad de la industria agrícola, así que, ¡toma en cuenta todo lo aprendido!

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