Cultivo de caña de azúcar

Las mejores prácticas para el cultivo de caña de azúcar

En la actualidad, la producción y cultivo de caña de azúcar – científicamente Saccharum officinarum – es responsable del 70% de los cultivos sacaríferos en el mundo. En efecto, comprende áreas muy extensas, ubicadas entre los 36,5º de latitud Norte – territorio de España – hasta los 31º de latitud Sur (Australia y Uruguay). 

Más allá de ser uno de los principales cultivos entre las zonas tropicales y subtropicales, la capacidad productiva suele variar de acuerdo con la localización, oscilando entre 40 – 150 t/ha de caña. Como resultado, la producción de azúcar en las zonas cañeras varía entre 3,5 y 15 t/ha. 

En Argentina, el cultivo de caña de azúcar se concentra en las regiones de Tucumán, Salta y Jujuy -Norte- y Litoral. Entre los 3 polos productivos, 15 ingenios azucareros están localizados en Tucumán, por lo tanto, esta localidad aporta entre el 60% y el 65% de la producción azucarera nacional.

Una de las principales características de este cultivo es su versatilidad, una vez que la caña aporta sacarosa para la elaboración del azúcar blanco y moreno, puede ser usada con finalidad energética, así como en la industria textil, entre otros rubros. 

Si estás buscando información acerca de este tema, ¡continúa leyendo nuestro artículo hasta el final!

En concreto, acá encontrarás datos y consejos importantes con respecto a las mejores prácticas para el cultivo de caña de azúcar. ¡Síguenos!

1. Respeto a la época y al sistema de plantación

Uno de los aspectos más importantes en términos de cultivo de caña de azúcar es obedecer la época de plantación. De hecho, efectuar la siembra y la cosecha respetando las etapas de crecimiento y desarrollo de la planta incide directamente en el rendimiento y en la calidad del producto final. 

En cuanto a la época, la plantación temprana corresponde a la siembra entre febrero y marzo. Por otro lado, la plantación tardía ocurre entre los meses de julio y septiembre. Pero, en definitiva, ¿qué ocurre al retrasar la plantación de la caña de azúcar?

Además de reducir el período de crecimiento de la planta, disminuye su rendimiento, una vez que el cultivo es afectado por las temperaturas bajas –plantación temprana– y por la dificultad para obtener buenas semillas en la plantación tardía.

En este sentido, es importante señalar que si la germinación no ha sido buena, es esencial efectuar el replante de 3 a 4 semanas luego de la plantación. Sin embargo, esta tarea debe ser realizada con cuidado, principalmente, para no afectar las raíces de las yemas germinadas. 

Es importante verificar si la caña fue plantada de manera muy profunda o si se ha formado una costra rígida en el surco en virtud de las condiciones climáticas. En caso de que ocurra una o ambas situaciones, es imprescindible que el suelo sea trabajado con cuidado.

2. Atención al cumplimiento de las necesidades edafoclimáticas

Si deseas obtener una abundante producción de caña de azúcar, necesitas poner atención a los requerimientos edafoclimáticos que comprenden la temperatura, la humedad relativa, la radiación solar y los riegos, así como el tipo de suelo.

A continuación encontrarás los aspectos más importantes de cada componente y para que puedas entender cómo adecuar tu producción a dichas demandas.

Temperatura

No es posible efectuar el cultivo de caña de azúcar en regiones cuyas temperaturas sean inferiores a 0°C. Incluso, en temperaturas por debajo de los 10/ 12°C, el crecimiento es prácticamente nulo.

De hecho, la temperatura mínima aceptable para que las plantas puedan crecer es entre 14 y 16°C, y la temperatura óptima de germinación varía entre 32 y 38 °C. 

Este tipo de cultivo sacarífero logra soportar temperaturas elevadas entre 45° y 50°C; no obstante, este nivel térmico puede generar retrasos importantes en su crecimiento.

Como puedes ver, el mejor rango de temperatura es típico de las regiones tropicales y subtropicales. De ahí, la eficiencia de esos lugares en términos de rendimiento, calidad y abundancia de zonas cultivables.

Humedad relativa

En lo que se refiere a los requerimientos de humedad, para que ocurra un rápido crecimiento vegetativo, es fundamental asegurar un elevado nivel relativo. En caso de que ocurra la situación contraria y las instancias de riego sean precarias, la planta tiende a madurar de forma no deseada.

Radiación solar

La radiación solar incide directamente en la actividad fotosintética de la planta, determinando, de esta forma, su nivel de crecimiento y el acúmulo de materia seca. Bajo esta perspectiva, la planta asimila la radiación al punto de alcanzar una conversión de hasta 2% de energía relacionada con la biomasa. 

Esto significa que, para alcanzar excelentes resultados, es imprescindible asegurar una buena iluminación durante todo el ciclo del cultivo. Dicho de otra forma, cuanto mayor sea la incidencia de radiación solar, mayor será la eficiencia fotosintética y, por ende, la producción, así como el acúmulo de azúcares en la planta.

De esta manera, el incremento de las intensidades de radiación lumínica está asociado al aumento en la producción de azúcar por unidad de superficie. Por lo tanto, el cultivo de caña de azúcar es uno de los más eficientes en cuanto a la capacidad de respuesta ante las altas intensidades lumínicas.

Riegos

La disponibilidad hídrica es un factor decisivo para el correcto crecimiento de la planta. Como es un cultivo de elevada producción vegetal por unidad de superficie, demanda un alto volumen de agua, llegando a requerir 1/2 litro para generar 1 gramo de materia seca y acumular entre 0,25 y 0,40 gramos de sacarosa.

De modo general, las demandas hídricas anuales del cultivo de caña de azúcar varían entre 1200 y 1500 mm. Sin embargo, debes considerar que el aporte de agua necesita dividirse considerando las diferentes etapas del período de crecimiento vegetativo. En efecto, la fase de gran crecimiento, que ocurre entre diciembre y marzo, es la etapa que consume más agua.

Vale la pena señalar que, durante el último mes antes de realizar la cosecha, es interesante reducir el volumen de riego, pues la reducción hídrica estimula tanto la producción como la acumulación de carbohidratos.

Otro punto que merece atención es el hecho de que las inundaciones afectan el desarrollo de la caña de azúcar. Por esta razón, es esencial implementar adecuados sistemas de riego adaptados al clima, al suelo y a las demandas específicas del lugar.

Suelo

El cultivo de caña de azúcar alcanza su mejor rendimiento cuando ocurre en suelos ligeros como los óptimamente drenados, los aluviales con textura mediana, los franco-arcillosos y los de textura franca. 

Sin embargo, la producción de esta sacarífera no es muy exigente en cuanto a las condiciones de la tierra en la que se planta pudiendo desarrollarse en locales con amplios rangos de alcalinidad y acidez de entre 5 y 8 pH. En el caso de que el suelo tenga pH inferior a 5 o superior a 8, la excesiva acidez, alcalinidad y salinidad pueden convertirse en poderosos limitantes de la producción.

Por lo tanto, la caña de azúcar puede desarrollarse en una amplia variedad de suelos, adaptándose a diferentes características y circunstancias de manera rápida y efectiva.

En síntesis, para optimizar el rendimiento del cultivo de caña de azúcar, los requerimientos edafoclimáticos son climas secos, humedad reducida y aporte hídrico limitado en la etapa de maduración, así como noches frescas y abundante luz solar durante el día.

3. Verificación de distancia, profundidad y densidad de distribución

Definir la distancia adecuada de plantación es esencial para que las actividades del cultivo sean llevadas a cabo con total normalidad, en especial, los procesos que utilizan las máquinas – como cosechadoras – de forma intensiva.

Al adoptar una distancia satisfactoria, es posible aumentar la producción, una vez que las variables consideradas determinantes – como el agua, la luz y la temperatura – pueden alcanzar a la planta de modo uniforme. Es importante garantizar que la distancia esté de acuerdo con las propiedades de fertilidad del terreno y las características de la variedad cultivada. 

En cuanto al cultivo de caña de azúcar en suelos arenosos, es indicado adoptar un espaciado entre 1,0 y 1,20 metros, pues este permite que el cierre entre las líneas ocurra de manera rápida y facilita el control y la reducción de malezas.

En superficies fértiles, es recomendable implementar un espaciado de 1,5 metros. La misma distancia debe ser adoptada en cultivos en los que se realiza la cosecha mecánica, puesto que evita el pisoteo y la compactación por las ruedas de las máquinas.

Para obtener buenos resultados, es importante considerar que la profundidad de cada surco tiene que abarcar entre 20 y 30 centímetros. En efecto, el espesor de la cobertura de tierra, es decir, la profundidad de plantación, varía de acuerdo con las características y las propiedades del suelo, así como a raíz del nivel de humedad. 

Por lo tanto, cuando los suelos son secos, es indispensable garantizar una cobertura de tierra más espesa y densa, mientras que en los suelos muy húmedos se recomienda una cobertura más fina. 

En lo que se refiere a la densidad de semillas, para el cultivo de 1 ha, el productor debe contar con una cantidad relativa de 6 a 8 toneladas de caña semilla. Sin embargo, cuando la época de plantación es adecuada y se utilizan mudas de excelente calidad, es posible reducir esa cantidad.

Las mudas son cañas jóvenes bien fertilizadas, con un excelente control de plagas y enfermedades, plantadas en condiciones óptimas y con edad entre 8 y 10 meses. De esta manera, es necesario distribuir al menos 12 yemas por metro de surco.

Cuando se efectúa la plantación de las mudas en época de sequía, esta densidad aumenta, alcanzando entre 15 y 19 yemas por unidad de superficie.

4. Cuidado con las demandas de fertilización

El óptimo rendimiento del cañaveral también depende de la adopción de efectivas prácticas de fertilización. No obstante, su alto costo requiere el uso oportuno de los recursos fertilizantes al punto de maximizar su aprovechamiento.

De hecho, la fertilización debe integrar las acciones típicas de la gestión de los cultivos y necesita ser asociada al uso de las herramientas y equipos de tecnología en la producción de la caña de azúcar. 

De esta manera, cuando se practica la fertilización de manera consciente y eficaz, es posible aumentar la población inicial y distribuir los tallos uniformemente. Asimismo, el uso de fertilizantes asegura una abundante población de tallos molibles, esenciales para el rendimiento del cultivo.

Es importante señalar que la efectiva fertilización potencia el beneficio económico, por esta razón, es considerada como un factor clave en el aumento de la rentabilidad del negocio.

Del mismo modo, es necesario señalar que la utilización de los fertilizantes debe ser acompañada de una rígida recolección de datos acerca de las condiciones del suelo, de la cantidad producida y de la calidad de cada lote cosechado.

¿Por qué debemos fertilizar?

Esencialmente, la caña de azúcar posee una elevada capacidad de producir material vegetal -follaje, raíces, tallos molibles y cepa -, a la vez que cuenta con un ciclo de vida prolongado. Esto significa que su cultivo demanda expresivos requerimientos nutricionales, alcanzando niveles de extracción de nutrientes realmente altos, entre 800 y 1500 kg por hectárea, anualmente. 

Como puedes ver, la demanda nutricional del cañaveral requiere la implementación de una correcta estrategia de fertilización, que sea capaz de aportar al suelo todos los nutrientes extraídos por el cultivo, en especial, los componentes perdidos por medio de la materia prima cosechada.

En cuanto a los principales aportes nutricionales, tenemos que priorizar la restitución de los siguientes elementos:

  • Nitrógeno: 60 kg/ha – correspondiente a 120 kg de urea;
  • Potasio: 110 kg/ha – correspondiente a 180 kg de Cloruro de Potasio;
  • Fósforo: 35 kg/ha – correspondiente a 75 kg de Superfosfato Triple de Calcio.

Tanto el fósforo como el potasio pueden ser incorporados al cultivo en el momento de la plantación. Sin embargo, la fertilización con nitrógeno debe ocurrir cuando la planta alcanza una altura entre 40 y 60 cm. Incluso, es recomendable dividir en 2 o 3 partes la aplicación de este último elemento, pues de este modo se logra un mejor aprovechamiento. 

El cultivo de caña de azúcar también tiene que contar con el aporte de 47 kg/ha de magnesio, 47 kg/ha de calcio y 60 kg/ha de azufre. Para obtener estos y otros nutrientes, es posible utilizar como fertilizantes a los desperdicios biodegradables y el abono orgánico producido por los animales.

Técnicas de aplicación del fertilizante

Al administrar los fertilizantes, es fundamental asegurar que los nutrientes sean colocados tan próximos de la raíz como sea posible, ya sea en la caña planta o en la caña soca. Para esto, es posible adoptar 4 sistemas de aplicación:

1. Administración del fertilizante en seco

Los fertilizantes en seco -sólidos- se pueden incorporar fácilmente antes de plantar la caña, aunque también es recomendable aplicarlos durante las etapas tempranas del crecimiento.

Asimismo, los fertilizantes sólidos pueden ser implementados en surcos abiertos cortados en el suelo y en rastrojo posibilitando, de esta manera, lo cual impulsa la optimización del rendimiento de la caña. 

Es importante señalar que, al aplicar la urea al residuo de la producción anterior y al rastrojo, se puede generar pérdida por volatilización, y esto afecta directamente no solo la efectividad, sino que también incrementa los costos.

2. Administración de fertilizantes líquidos

El fertilizante se puede aplicar directamente a los esquejes pulverizándolos con una solución. Esta es una técnica interesante, en especial, para la aplicación de boro, fósforo y zinc, favoreciendo así el crecimiento temprano de la planta.

3. Administración foliar

Este tipo de fertilización es adoptada cuando es importante responder a una rápida necesidad nutricional o cuando el suelo no cuenta con determinados nutrientes. De hecho, la utilización de esta técnica directamente en los esquejes de las cañas planta puede ser la manera más eficiente de aportarles los micronutrientes que necesita para su desarrollo. Asimismo, la aplicación foliar garantiza la correcta nutrición de la caña.

4. Fertirriego

En esta técnica, el fertilizante es aplicado por medio del sistema de riego. De hecho, el sistema por goteo permite crear una zona de humedad propicia para el crecimiento de las raíces de la caña. Por lo tanto, es una metodología extremadamente eficiente para mejorar la humedad en regiones de sequía. 

Otro punto favorable del sistema por goteo es que garantiza una mejor aplicación de fertilizante en los esquejes, aportando la cantidad adecuada de nutrientes para cada estadio del crecimiento. 

A propósito, esta es la mejor manera de aplicar y maximizar la utilización del nitrógeno una vez que disminuye las pérdidas del elemento por volatilización y por lixiviación.

Más allá de su increíble potencial para hacerle frente a las necesidades urgentes de nutrición, la verdad es que solamente el 1% de los cultivos de caña de azúcar alrededor del mundo utilizan este sistema de fertilización.

Debido a esto, la aplicación de fertilizante al cultivo de caña de azúcar es esencial para asegurar su buen rendimiento, optimizar el proceso productivo y aumentar la concentración de nutrientes en la caña, elevando, de este modo, la calidad del producto final.

La adopción de la dosis ideal de fertilización posibilita reducir los costos productivos al administrar solamente el o los compuestos nutricionales que se encuentren bajo condiciones de deficiencia, hecho que conlleva a evitar el deterioro ambiental y se refleja directamente en el ingreso económico del productor.

5. Control precoz y eficiente de las malezas

En Argentina, la mayor parte de la producción de caña de azúcar está orientada a la satisfacción de las demandas del mercado interno. En lo que se refiere al saldo exportable, es variable de acuerdo con los precios internacionales y con las condiciones climáticas. 

Los aspectos medioambientales también pueden incidir en la calidad, ya sea del azúcar, de los biocombustibles o de la pasta celulósica para la generación de papel, al igual que el rendimiento y las propiedades de la producción es la incidencia de las malezas. 

Y es que las malezas compiten con la caña por luz, agua y nutrientes. Por lo tanto, un cañaveral con infestación de malezas puede padecer graves problemas no solo en el rendimiento actual de la producción, sino también sufrir pérdidas en los siguientes cultivos de caña.

Ante esta realidad, es indispensable que el control de malezas sea realizado de manera precoz, iniciando en los primeros cuatro meses luego de realizarse la plantación. En cuanto a los tipos que pueden afectar los cultivos nacionales de caña de azúcar, destacamos las especies anuales. 

Para hacerles frente, es importante aplicar dosis adecuadas de herbicidas residuales de amplio espectro en la etapa previa a la siembra, manteniendo los recaudos señalados por el fabricante del producto. Asimismo, es fundamental efectuar controles y monitoreos posteriores a la cosecha, una vez que este es el momento más crítico del cultivo, debido a la realización de los cortes anuales.

Como consecuencia, el productor debe asegurar el adecuado manejo de malezas desde el momento que ocurre un nuevo brote. Luego de transcurrir un período de 100 días del cultivo, el follaje proyecta la sombra cubriendo el surco evitando, de esta forma, nuevos crecimientos de malezas en la plantación.

Desgraciadamente, no existe una metodología óptima de combate de malezas; sin embargo, es posible alcanzar excelentes resultados cuando se utilizan recursos integrados, empleando, por ejemplo, una variedad de caña de acuerdo con la zona de cultivo

Asimismo, es posible efectuar un buen manejo de malezas seleccionando semillas tratadas y de excelente calidad, preparando el suelo, aportando humedad y una técnica de riego acorde con los requerimientos edafoclimáticos, poniendo atención en la densidad, profundidad y espaciado del cultivo, así como controlando la incidencia de insectos, enfermedades y plagas.

A tenor de la información aportada hasta el momento, es perceptible que alcanzar un nivel óptimo de rendimiento y calidad en los cultivos de caña de azúcar es un reto totalmente posible. 

Sin embargo, para llegar a este resultado, es imprescindible considerar las mejores prácticas de cultivo de caña de azúcar señaladas en este material y aplicarlas de forma combinada, pues cada una aporta soluciones específicas para los factores que, de hecho, afectan el desarrollo del cañaveral.

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